miércoles, 27 de febrero de 2008

B7-B10

1¿Por qué el uso de las categorías y principios puros ha de ser empírico y no trascendental?
MATERIAL FOTOCOPIA 7 1.B. Analítica trascendental: las categorías o conceptos puros del entendimiento.

El entendimiento es la capacidad de juzgar. Mediante los sentidos percibimos cosas, ahora bien, percibir algo nos significa comprenderlo. Es el entendimiento el lugar donde comprendemos las intuiciones suministradas por nuestra sensibilidad y la comprensión se manifiesta en los juicios.
El tipo de juicio más elemental une una intuición con un concepto, ejemplo “esto es un folio”. El concepto sintetiza una multiplicidad de intuiciones que nos suministran los sentidos: blanco, liso, plano, etc; multiplicidad de intuiciones que se dan en un “aquí” (espacio) y en un “ahora” (tiempo) concretos. Pero nosotros no decimos que estamos viendo un montón de intuiciones sensibles, sino un folio de apuntes, nos referimos a un concepto. Los conceptos son los que nos permiten expresar y comprender el mundo que nos rodea.
Supongamos ahora, por ejemplo, que se presenta ante nuestros sentidos un objeto extraño que nunca antes habíamos visto, ¿podremos pensar o comunicar alguna cosa de dicho objeto por el mero hecho de carecer de un concepto para poder pensarlo? Sí, sí que podremos, pues aunque no sea un libro o un gato, podremos decir de él que es UNA cosa y no muchas, o que es la CAUSA de que me haya detenido a examinarlo, o sencillamente que ese objeto EXISTE. La razón de que podamos hacer esto radica en que: hay ciertos conceptos que se pueden aplicar a todos las intuiciones porque son conceptos puros del entendimiento.
Kant distingue entre “conceptos empíricos”, son los que derivan de la experiencia como “gato” o “níspero” que construimos a partir de la comparación de distintos ejemplos por generalización; por tanto no son a priori, aprendemos a reconocer lo que es un níspero y diferenciarlo de cualquier otra cosa por la experiencia. Los otros conceptos son los “conceptos puros o categorías” y se poseen de manera trascendental, son las condiciones que deben cumplir todas las intuiciones para poder ser pensadas. Si no pienso mis intuiciones sensibles como perteneciendo, por ejemplo, a UNA cosa, UNA cosa diferenciada de las demás, entonces no puedo hablar de ellas con sentido; es decir, una forma, un color, un olor, etc, lo son de “algo”, de UNA cosa, se refieren a ella. Estos conceptos puros o categorías surgen de manera espontánea con la actividad del pensamiento, luego no precisan de la experiencia para poseerlos, son a priori.
Es preciso diferenciar las categorías de las ideas innatas de los racionalistas. Las categorías, por sí solas, no dan ningún tipo de conocimiento, sólo nos aportarán algún tipo de conocimiento si se refieren a alguna intuición de la experiencia. Las ideas innatas de los racionalistas se definían como conocimientos evidentes.
Kant distinguió entre el uso legítimo y el uso ilegítimo de las categorías. El uso legítimo es aquel que se realiza dentro del ámbito de la experiencia, es decir, cuando éstas se refieren a intuiciones sensibles; el ilegítimo, cuando se aplican más allá de los límites de la experiencia. Pongamos un ejemplo: podemos pensar con las categorías un ser como “el hombre invisible”, pero si no hay un grupo de intuiciones al que se refiere dicho concepto, entonces estamos haciendo un uso ilegítimo de las categorías (ilegítimo para hacer juicios científicos, se entiende; otra cosa es que sea un personaje de ficción). Por todo ello, Kant insistirá en esta idea: “las intuiciones sin conceptos son ciegas, los conceptos sin intuiciones vacíos.”
El número exacto de categorías que establece Kant son doce. Las categorías las deduce Kant de los juicios en la parte de su obra que llamó “Deducción trascendental de las categorías”.

2. Kant afirma que la metafísica tiene por objeto resolver los “inevitables problemas de la razón pura que son: Dios, libertad e inmortalidad.” ¿Qué se hace imprescindible para poder abordar correctamente esos problemas?
MATERIAL FOTOCOPIA 7 2. B.1 El idealismo trascendental: fenómeno y noúmeno.

Las categorías son los conceptos a través de los cuales podemos pensar los datos que nos proporcionan los sentidos en el espacio y el tiempo; cualquier otra aplicación, según Kant estaría rebasando los límites de la propia razón y sería un uso ilegítimo de ésta. Las categorías sólo tienen validez en su aplicación a la materia proporcionada por la sensibilidad: los fenómenos (aquello que se me aparece, que se me manifiesta y por tanto puede ser conocido). No pueden ser aplicadas a lo que está más allá de la experiencia, a aquellos de lo que no tenemos intuición. Por lo tanto, sólo podemos conocer aquello que sea fenómeno. Aquello que no es fenómeno, aquella realidad independiente del sujeto de la que no tenemos intuición sensible, le llama Kant noúmeno; como por ejemplo; Dios, la libertad, el alma, etc. La distinción fenómeno-noúmeno es paralela a la de conocer-pensar en el siguiente sentido: el fenómeno es aquello que podemos conocer, es más, sólo existe conocimiento de lo fenoménico; el noúmeno, por el contrario, puede ser pensado, pues puede pensarse todo aquello que no encierre contradicción, pero eso no significa que pueda ser conocido. No puede ser conocido porque carecemos de intuiciones sensibles a las que se refieran.
La distinción entre fenómeno y noúmeno es fundamental en el sistema kantiano. Define noúmeno como aquello “que no puede ser reconocido por la intuición sensible” Ya hemos señalado que el conocimiento comienza siempre con la intuición sensible, con la experiencia, entonces el noúmeno debe considerarse como lo que no podemos conocer. Sin embargo, y paradójicamente, puesto que no puede ser conocido, debemos reconocer su existencia, debemos reconocer, por ejemplo que fuera de nuestra mente existe una realidad independiente de nosotros de donde proceden nuestras intuiciones. No debemos confundir entre lo siguiente: que nosotros tengamos intuiciones sensibles en nuestro conocimiento, no significa que esas intuiciones sensibles de las que llegaremos a tener un conocimiento objetivo se correspondan tal cual con un mundo real.
Al noúmeno también le llama Kant: la cosa en sí. Pensemos que no es lo mismo que una cosa sea “para mí” (para un sujeto que conoce) a que sea “en sí” (tal como es, al margen de que haya alguien que la conozca). Lo que es para el sujeto que conoce es para mí, es lo fenoménico. Kant le llama así porque ese mundo es el que construimos desde las intuiciones sensibles aportadas por el propio mundo y lo que aporta el propio sujeto: las condiciones trascendentales (formas de la intuición y categorías). En definitiva, el conocimiento que tenemos del mundo, no es el de “el mundo en sí”, sino “el mundo para mí”. Por ejemplo, no podemos decir que el mundo en sí sea un mundo extenso o temporal, pues éstas son las formas que aporta el sujeto en la construcción de el mundo para mí. Pero, insistamos, nosotros sólo podemos conocer el mundo fenoménico, lo que es “para mí”. Las auténticas cualidades del mundo no las podemos conocer.
Podemos entender ahora por qué Kant llamó a su doctrina idealismo trascendental. Se llama idealismo porque lo que conocemos son representaciones de las cosas, no la cosa en sí o noúmeno. Trascendental porque lo que conocemos está condicionado por los elementos a priori (formas puras de la sensibilidad y del entendimiento) que son universales (válidas para todo sujeto racional) y que son trascendentales en el sentido de que hacen posible el conocimiento, pues son previos a toda forma de conocimiento.