viernes, 14 de diciembre de 2007

La duda como base del método cartesiano



La duda como base del método cartesiano




La duda de Descartes es metódica.




No puede, sin más, confundirse con la duda del escepticismo. (Foto de Montaigne)







La diversidad de opiniones y costumbres racionales nos enseña que no hay un sistema absoluto de pensamiento, por ello, para buscar y fundamentar una filosofía primera, hemos de comenzar con la duda. Desde el punto de vista teórico (búsqueda de la verdad) jamás hemos de tener por verdadero nada que no sea evidente





La duda cartesiana será especulativa y metódica, y mientras dure ha de ser sincera, una duda igual a la duda escéptica excepto en su duración. Es una duda “hiperbólica”, pues “no ha puesto en duda nada, sino a fin de que resplandezca mejor la verdad”





Las características de la duda cartesiana son:








  • Universalidad.




Hay que cuestionar absolutamente todos los conocimientos y creencias, tanto los que provienen de la ciencia como incluso de la lógica y la matemática. De esta duda sólo se salvan algunos principios mínimos de ética y aquellos esenciales en materia de religión.








  • Es exagerada o “hiperbólica”.




Tal como aparece en el Discurso del método y en las Meditaciones, es una duda universal y radical, porque se extiende a todas las zonas y a toda afirmación sobre las cosas, hasta la sensatez de la propia razón, pero es metódica porque Descartes la inicia, no para permanecer en ella, sino para ver si alcanza alguna verdad. El resultado de esta duda es una verdad que otorga certeza absoluta, puesto que de ella es imposible dudar: la existencia de quien duda, conocida de forma inmediata.








  • Metódica.




No puede, sin más, confundirse con la duda del escepticismo. Lo que precisamente se propone Descartes es, partiendo de la duda, superar ese escepticismo, hallando un principio filosófico que no admita duda posible. Se trata, pues, de una duda estratégica, y si bien es hiperbólica, es también metódica, ya que se pretende buscar la certeza (de lo que, a priori, se cree que existe, aunque no está demostrado todavía).








  • Su intencionalidad no es de perdurabilidad.




Si Descartes parte de la duda lo hace para superar el estado de duda. No es una apología de la duda como fin, sino como medio para un conocimiento cierto e indudable. Por tanto, una vez planteada la duda como método, y aunque dudemos prácticamente de todo, tras descubrir el primer principio evidente (el cogito), se hace necesario superarla. Descartes lo hace, además de apoyándose en este primer principio, postulando la existencia de un Dios bueno. A partir de aquí, se revisará lo antes tenido por dudoso, para comprobar, mediante el método, si todavía lo es o si ya tenemos constancia cierta, clara y distinta, de su certeza.






La duda proporciona evidencia de lo antes dudoso. Descartes creía, antes de la duda, en la existencia de Dios, en su bondad, en la fuerza demostrativa de la matemática, etc. Y todo eso, a priori, lo pone en duda, pone en entredicho su certeza. Y después de haber dudado de todo y de haber descubierto el primer principio indudable que es el quicio de su sistema filosófico, y de haber aplicado el método con sus partes, ¿descubre acaso algo que antes no supiera o creyera confusamente? En realidad, no. Lo que proporciona la duda y su método es una evidencia, diríamos, una “demostración” racional de su certeza, es decir, una evidencia de aquello sobre lo que antes no la teníamos. En este sentido, su método no descubre nuevas verdades, sino que sólo afianza lo que ya creía sin certeza indudable.


Es consecuencia de la primera regla del método. Esta primera regla sostiene que es necesario «no admitir jamás como verdadera cosa alguna sin conocer con evidencia que lo sea».
No se dirige a las creencias individuales y particulares, sino a su fundamento.
Tiene restricciones. La duda se dirige hacia el conocimiento, pero no a la vida ética y práctica cotidiana, pues es inevitable que en la vida en sociedad sigamos creencias y opiniones que sólo alcanzan un valor de probabilidad, pero no de certeza completa.






El proceso de duda tiene dos funciones:
1) Función de desescombro: duda de todas las verdades tenidas como tales anteriormente. Esta duda está abocada a la certeza absoluta, es por ello, una duda transitoria
2) Camino de la certeza absoluta para lo cual, la duda también ha de ser absoluta, la duda no reconoce fronteras... basta que se pueda dudar de una verdad, para que, provisionalmente, se considere a tal verdad como falsa